viernes, 14 de julio de 2017

Esto también pasará...

Narra un cuento oriental que una vez un rey citó a sus sabios para informarles que había mandado a hacer un anillo para ocultar dentro de él un mensaje escrito al que pudiera acudir en momentos de desesperación y para pedirles redactar esas valiosas palabras. Los eruditos buscaron por horas en sus libros de filosofía, sin encontrar nada que se ajustara a los deseos del rey.
El rey, entonces, acudió a un sirviente anciano que había trabajado con sus padres y gozaba de gran respeto. El hombre le dijo que alguna vez un maestro agradecido por las atenciones recibidas en palacio, le dio el mensaje que enseguida escribió en un diminuto papel, lo entregó al rey y le pidió que solo lo abriera cuando no encontrará salida en una situación.
Días después el país fue invadido. El rey huía a caballo, solo, y sus perseguidores eran numerosos. En un momento llegó a un lugar donde el camino se acababa y frente a él había un precipicio. Entonces recordó lo del anillo. Sacó el papel, lo abrió y encontró el corto pero valioso mensaje que decía: “Esto también pasará”.
De pronto hubo silencio. Los enemigos debieron perderse en el bosque porque no sentía el trotar de los caballos. El rey, agradecido con el sirviente y el maestro desconocido, dobló el papel, lo guardó en el anillo, reunió el ejército y reconquistó su reinado.
En la ciudad hubo gran celebración y el rey se sentía orgulloso de sí mismo. En ese momento el anciano le pidió leer de nuevo el mensaje porque, le dijo, “Este mensaje no es solamente para situaciones desesperadas, también es para las placenteras. No es sólo para la derrota, también lo es para la victoria. No es sólo para cuando eres el último, también para cuando seas el primero”.
El rey leyó el mensaje... “Esto también pasará”. De nuevo sintió paz y silencio en medio del pueblo que celebraba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido.
El rey acabó de comprender el mensaje: ‘Lo malo es tan transitorio como lo bueno’.
Entonces el anciano le dijo:
“Recuerda que todo pasa. Ningún acontecimiento ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche; hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas y serán parte del proceso”