martes, 14 de enero de 2014

Los Apegos...


Los Apegos: La verdadera enfermedad de nuestra mente y alma
Uno de los temores que nos producen bloqueo en nuestra evolución son los apegos o formas de dependencia a personas, situaciones o cosas. Estos apegos o temores a perder algo son los que generalmente se ha ido dando en cualquier espacio y tiempo: miedo a la muerte, a la enfermedad, a la pobreza, a la soledad, a no ser amado, a no tener éxito, ... etc.

Como el apego es un miedo a perder algo o alguien, al ser un temor debe ser vencido y tratado como tal. Éste nos hace dependientes de esa situación, circunstancia, persona, o cosas con las que nosotros nos convencemos de que no es posible o muy difícil vivir sin aquello. Lo tenemos tan arraigado desde pequeñitos, que forma parte de nuestra educación y está tan presente en nuestra sociedad y vida, que además se enmascara junto con la sensación de las diversas necesidades que la sociedad va creando, y de tantas carencias que aparentemente se tienen, que hace difícil verlos y sobre todo liberarnos de todo ello.

En la sociedad actual en que vivimos, casi todo lo que se mueve es a tener más, mejor y ahora, lo cual crea un círculo vicioso de insatisfacción en el que no valoras ni las grandes ni las pequeñas cosas, materiales o inmateriales que ya poseemos, incluyendo situaciones, circunstancias, y lo más importante, las personas que forman parte de nuestro mundo. Se saltan las etapas en el proceso de voluntad-esfuerzo-obtención-gratitud que conllevan a un sentimiento vacío que hace caer en la trampa del querer más y más.

Una de las formas de liberanos, y nunca mejor dicho, de minorar o eliminar la sensación de carencia, necesidad o apego es la renuncia, que es la aceptación de que otra realidad es posible y confiar en que nos tiene por qué pasar algo malo necesariamente si carecemos de aquello que tenemos tanto miedo a perder. Primero se niega el miedo, y después aceptamos y nos entregamos a la situación. Una vez más podemos decir, que para evolucionar frente a los apegos se puede afirmar que la Verdad nos hará libres.

Aquello que de una forma voluntaria no renunciamos, cuanto mayor es el temor a perderlo, es cuando a lo largo de la vida precisamente lo pierdes en algún momento de una forma dolorosa, y se arraiga la sensación de que la vida te ha despojado de aquello que anhelabas.

Incluso parece que a mayor apego, con mayor fuerza o dolor te es quitado. Recordemos que lo que no aprendemos de forma intuitiva o voluntaria, o cuando no hacemos caso a nuestro guía interior, es entonces cuando aprendemos por la vía del sufrimiento, a través de experiencias desagradables y que no siempre llegamos a comprender la causa de por qué suceden.

La renuncia no tiene que darse necesariamente en la realidad mediante actos, basta estar convencido de ello, es un acto de voluntad, de aceptación, de entrega. Pero tampoco es resignación, es ser capaz de vivir con una actitud lo suficientemente positiva para afrontar una nueva situación que a veces no llegamos a imaginar un beneficio posterior que podemos llegar a obtener. Seguro que todos recordamos algún momento en nuestra vida duro y amargo en el que ahora podemos preguntarnos que cómo habíamos sido capaces de superar aquella situación que quizá ahora se nos presentaría como nefasta y difícil de superar, y que incluso nos ha beneficiado con un aprendizaje o una satisfacción.

Un acto de renuncia a lo material, no está reñido con pedir y merecer abundancia, aunque parezca una paradoja.

Habría que echar una mirada a aquello que más nos molestaría o nos pudiese producir temor, envolverlo en amor y afirmar que no se tiene miedo a perder X. La renuncia mental o espiritual es ese acto amoroso que libera de la necesidad y para llenar ese vacío se siente una acogida en nuestro corazón a una nueva situación, en la que hay esperanza. No estamos solos y abandonados a nuestra suerte, está previsto todo, está provisto todo. El Mundo contiene TODO.

El Universo se conspira para tener la oportunidad de realizar nuestros deseos, si estamos dispuestos a arriesgarnos.

Autor: Anónimo