miércoles, 11 de diciembre de 2013

Gilipollas...

Dice Montoro que “el PP volverá a ganar las elecciones porque los mercados no son gilipollas”. Los mercados no serán gilipollas pero el ministro se comporta como tal. No solo se comporta como si fuera El Padrino amenazando con una inspección a todo el que le desafía, ahora además gasta lenguaje de mafioso barriobajero. Y es tal su chulería que ni es consciente de que nos ha llamado gilipollas por creer que vivimos en una democracia en la que nuestros votos cuentan.
Va tan sobrado que no le importa declarar abiertamente que quienes quitan y ponen gobiernos son esos entes a los que llaman “los mercados”, un eufemismo tras el que se esconden financieros, entidades y empresas bien concretas. Montoro, sin embargo, no esconde que el PP trabaja para ellos. Cuando un mafioso rompe la ley del silencio es porque le han ofrecido inmunidad. Rajoy le protege pase lo que pase y por eso él se pasa de frenada. Sus palabras confirman lo que su gestión en Hacienda hace sospechar: que el gobierno trabaja para las grandes familias de la mafia.
Todo apunta a que el ministro ha metido la mano en la Agencia Tributaria para proteger a la “familia”, a la familia del rey, a una gran empresa defraudora como Cémex y a los grandes defraudadores a los que regaló una amnistía fiscal que no recaudó más pero legalizó sus robos. Hoy en el Congreso lo ha negado todo, como Capone. Como Capone, no ha podido evitar sus maneras de mafioso y ha vuelto a lanzar veladas amenazas a los medios de comunicación que le señalan. Cualquier día nos encontramos una cabeza de caballo ensangrentada bajo nuestras sábanas. Pues que no se olvide el ministro que al mafioso lo pillaron por un delito fiscal. No es una amenaza, es una advertencia.
Más que a Capone, Montoro se parece cada vez más al señor Burns de los Simpsons y ya no solo físicamente. Gestiona la Agencia Tributaria como si fuera su imperio del mal y no es difícil imaginarle frotándose las manos mientras maquina alguna maldad. No es el único: eldiario.es publica hoy unos correos de Miguel Blesa en los que se frotaba las manos por haber vendido miles de preferentes de Cajamadrid engañando a sus clientes.
Son mafiosos y nos llaman gilipollas. A escondidas y a la cara. Incluso a sus propios votantes les llaman gilipollas por ir a votar pensando que su voto importa. Reconozcamos que si vuelven a gobernar, no les faltará razón para llamarnos gilipollas otra vez.