He aterrizado en Barcelona para observar la Diada. En la calle se ven banderas con gente debajo. Por todas partes. Pero cuesta aclararse, pues hay banderas con estrella y sin estrella, con azul y sin azul, las llevan hombres, mujeres, niños y mascotas, las llevan guiris y paquistaníes y chinos y hasta catalanes. Durante los días anteriores, las tiendas de chinos han hecho mucha caja vendiendo esteladas. Uno podía hacerse con un kit completo de independentista en cualquier tienda de los veinte duros.
 - Pero ¿qué se ve en la calle? ¿Qué llama la atención?
Asombra que casi el 100% de los niños que están en la calle hoy quieran la independencia. Niños que van con sus padres y adolescentes en grupitos, todos llevan atada al cuello una estelada que les sirve de capa. A veces, los padres van vestidos con normalidad y son los niños quienes muestran las banderas.
 - Qué vamos a hacer, este hijo mío no quiere saber nada de España.
Paso por debajo de un colegio público con las ventanas llenas de pancartas pintadas por los niños: "L'escola en català". Cuando estoy en Madrid y curioseo en las protestas me molesta mucho que se use a los niños como panfletos humanos, pero en Cataluña, si eres español o alienígena, es mejor que no critiques la politización de la infancia por parte de padres y leyes de educación. Así que lo consigno y sigo observando.
 - ¡Circule!
Llama la atención lo politizados que están los perros en Cataluña. He visto decenas de perros con pañoletas y capas independentistas, y aquí vuelve a haber mucha variedad, demostrando el crisol que encierra la cultura catalana: schnauzers, terriers, dogos, retrievers y dignos dálmatas.
 - A los perros catalanes los tratan peor en Madrid.
Keep calm and ladra en catalán. Pero por más vueltas que doy aquí y allá, por más que me dejo rozar por banderas catalanas de toda clase y escucho "Els segadors" y veo castellers, no me aclaro. En el mercado del Borne, recién restaurado, han puesto un monumento: un asta de bandera que mide 17 metros con 14 centímetros. La fecha 1714 es catalanísima, pero Cataluña sigue siendo un misterio. Escuchemos:
- ¿Qué somos?
- ¡Catalanes!
- ¿Qué queremos?
- ¡Independencia!
- ¿Y cómo la queremos?
Mucho ruido. Muchísimo ruido. ¿Qué hacen CiU y Esquerra mano a mano?
- ¡Un poco de orden! ¿Cómo la queremos?
- ¡... catalana! 
Hasta ahí le ha salido muy bien la estrategia a CiU, que quiere ampliar su parcela de poder y, en un acto de vanidad extremo, lanzar a sus dirigentes a los libros de historia y a los monumentos, pues la derecha catalana debe de estar ya cansada de celebrar a Puig Antich, que en realidad era un puto rojo. Además, CiU necesita la independencia rápido: sus casos de corrupción pesarán menos. No es momento de ejecutar a traidores, es momento de salir de aquí. Durante los últimos años, el mensaje principal ha sido totalmente asimilado por la población catalana:
- España nos roba.
Eso distrae la atención de lo que roban los políticos catalanes. En corrupción, el Madrid y el Barça han empatado la liga. En aportación en los presupuestos generales, gana Madrid. Pero esto conviene ignorarlo, conviene pasar junto a este dato empleando el otro dogma:
- España nos insulta.
El alienígena que escucha estas cosas parpadea mostrando su asombro. Tendrían que ver los catalanes cómo se habla de los madrileños en Murcia, cómo se habla de los murcianos en todas partes. España es un país de pueblo donde se insulta y se hace mofa del vecino. Pero sólo nos ofende que nos insulten a nosotros, claro. La actitud nacionalista se basa en poner atención a los ataques y magnificar su significado, en la victimización. La actitud nacionalista tampoco tiene el más mínimo sentido del humor.
- Vuelve a la tierra, alienígena. En España se ataca a la identidad catalana, ¿sí o no?
Bien lo sabe Dios. Pero no sólo se ataca. Es como si los catalanes sólo escuchasen Intereconomía y tomasen a los españoles por el ala dura del Partido Popular. En este momento, la idea de España que tienen los catalanes es la de un país agresivo que los detesta, que hace boicot a sus productos. Esos rebuznos de la extrema derecha española han tenido efecto en Barcelona gracias a la promoción que han hecho los medios de comunicación catalanes. La idea ha cundido:
- España nos roba y nos insulta.
Los catalanes tendrán que aprender a escuchar las voces que en España son comprensivas hacia ellos, a las voces de gente que admira a Cataluña como podría admirar a Pucela pese a la machaconería de los políticos catalanes contra España. Tendrán que aprender a escuchar estas voces porque España es mucho más parecida a Cataluña de lo que creen. Durante cientos de años han sido casi la misma cosa, ¿no?
- Pues no. Ha sido imposición. Cataluña es otra cosa.
Qué será, será, la independencia nos lo dirá. Paseando por la Diada aprendo más de la idea de España que tienen los catalanes que de la propia Cataluña. La variedad de posturas enfrentadas en la parte catalana del festejo es anonadante. Es en la parte antiespañola que se concreta: la independencia es la forma en que los catalanes describen a los españoles. Los libros hablan del conflicto, los mítines hablan del conflicto. Una nación se declara distinta describiendo al enemigo común. Por eso se dan la mano CiU y Esquerra: saben dónde está el poder extra que quieren acaparar. Mientras las calles del Borne parecen un carnaval de protestas (allí encuentro anarquistas, comunistas y demás, lanzando consignas bajo la lluvia) a pocos metros, en el parque de la Ciudadela, Artur Mas y el resto de la élite disfruta de un concierto folclórico bajo techado.
- ¿Y qué hay de esos catalanes que se sienten españoles?
Pobrecitos. Nacer en Barcelona y sentirse español es una cruz que no quisiera cargar yo. A veces hablo con ellos: se saben minoría y están agarrotados.
- ¡Los catalanes nos insultan a los españoles!
- ¡Los españoles nos insultan a los catalanes!
Tengo la sensación de que españoles y catalanes, cuando se victimizan, pertenecen a la misma nación, la más grande y próspera que existe en el reino de la humanidad: la de los idiotas. Usemos un poco más la cabeza y mucho menos el corazón.