lunes, 20 de febrero de 2012

Elogio de la cana al aire


El filósofo alemán Richard David Precht. | Siruela
El filósofo alemán Richard David Precht. | Siruela
La nueva estrella del ensayo filosófico, Richard David Precht, prefiere no poner etiquetas, pero cree (con otras palabras) que el amor burgués puede ser el más llevadero y el que mejor resuelve esa contradicción entre la necesidad de seguridad y el deseo sexual. Por lo tanto, la fórmula de compaginar una pareja muy estable con varios amantes es una posibilidad que siempre ha estado ahí, que se antoja eficaz para muchos. Precht explica: "Yo puedo vivir 20 años con alguien a quien quiero, y no me imagino mi vida sin ella; pero, al mismo, tiempo, deseo a otras personas".
Precht, que tiene aspecto de joven rebelde (a pesar de sus 47 años), es un filósofo alemán que da una visión original a todo lo que se enfrenta; además, es un excelente divulgador, como lo demuestran los dos millones de ejemplares vendidos de sus tres únicos . El primero fue '¿Quién soy y... cuántos? Un viaje filosófico', que no tiene da que ver con los manuales de autoayuda al uso. Al contrario, los ataca. El segundo, 'Amor, un sentimiento desordenado'(Siruela), se acaba de publicar en España y, con este motivo, ha viajado hasta Madrid para presentarlo.
El amor es un tema eterno, y sobre él se interroga el autor, y hace un recorrido de este sentimiento a través de la filosofía, la sociología y (no lo olvidemos, porque también somos animales) la biología. La química es algo que está en nosotros y Precht sostiene que se puede averiguar si alguien está enamorado a través de un análisis de sangre.
El libro, que es una puesta al día del estado del amor, nos da una visión sin prejuicios y desde diferentes ángulos de este sentimiento tan indefinible. En el texto, se van desgranando ideas que alumbran, como fuegos de artificio, asuntos temas tan peliagudos como la monogamia, la fidelidad, el amor romántico y el actual.
Señala Precht, por ejemplo, que la monogamia se asienta en dos principios ancestrales: el miedo al contagio, a las epidemias y la necesidad de mantener las posesiones. De hecho, añade, las culturas nómadas, que no tienen nada que legar, suelen ser polígamas.
También cree que "la fidelidad es extraña. Lo normal es la infidelidad, pero soñamos con esas expectativas de la fidelidad que tiene que ver con la naturaleza religiosa que se le imprime al amor".
Se muestra en contra de ese amor romántico que nos vende el cine y la literatura popular, y cuyo origen se remonta al siglo XVIII. "Ese amor romántico de dar todo y no esperar nada es algo que me da pena y destruye las relaciones amorosas. Nadie quiere ser querido por alguien que le ama altruistamente".
También señala que el declive de la religión tiene que ver con ese nuevo idealismo del amor. "Dios nos quiere de una manera total, incondicional y nos acepta tal como somos. En la vida real, la gente es aceptada por uno, dos o tres aspectos de su personalidad, pero no por todos, y queremos que en la pareja sí lo sea".
Finalmente, presenta un triste panorama sobre el amor en tiempos de internet: «Hay demasiada oferta, pero la realidad es muy limitada: estoy aquí y ahora, y soy así. Eso provoca gran insatisfacción. Es la perversión del capitalismo: todos podemos ser ricos, pero no cada uno de nosotros. Todos podemos enamorarnos de todos, pero luego eso no es cierto".