miércoles, 10 de agosto de 2011

La lectura a cuatro manos

Pedazo de sugerencia que alguna que otra vez a lo largo de mi vida he tenido el gusto de practicar y lamentablemente caída en desuso, esta entrada esta reproducida al completo y os recomiendo su lectura hasta el final, decir que pertenece al blog de Carne Cruda de radio 3, de todas formas por si acaso o dejo el link de dicho blog.

Saludos Max.

En la última página de su inclasificable y desbordante libro “Diccionario Jázaro”, el escritor serbio Milorad Pavic advierte: "Leer un libro tan voluminoso significa pasar mucho tiempo solo. Y estar mucho tiempo sin una persona cuya presencia es indispensable, porque la lectura a cuatro manos aún no es habitual”. Es cierto, cuando uno lee un libro pasa mucho tiempo lejos de la persona amada o de las personas que te son más indispensables para la vida. Pero los libros también lo son así que, siguiendo la invitación de Pavic, habría que hacer de la lectura a cuatro manos un placer habitual.
En unas contadas y preciosas ocasiones he practicado esta beneficiosa forma de lectura. La que me inició fue mi madre, que me leyó un libro entero. Curiosamente me leyó “La historia interminable”. Digo curiosamente, porque la terminó. Enterito me lo fue leyendo trozo a trozo, noche a noche, en su cama. Sí, yo ya era mayorcito para que me leyeran cuentos en la mía, así que mi madre me leyó la primera novela que probablemente leí entera, en su cama. Así que le debo no sólo la afición a leer las que vinieron después sino también el placer de hacerlo en compañía de otros. Más bien de otras porque siempre que he vuelto a practicar la lectura a cuatro manos ha sido con esa persona cuya presencia me era indispensable.
La última vez hace bien poco. Aunque normalmente he compartido la tarea de leer mientras el otro escucha, la última vez tomé el cómodo y reconfortante papel de oyente mientras ella me leía el “Diario de un ama de casa desquiciada” de la escritora estadounidense Sue Kaufman, por cierto una novela irónica, dura, emocionante, divertida, sórdida y apasionante. Conduje cientos de kilómetros, me tumbé con los ojos cerrados descansando el cuerpo pero no la mente, comí, desayuné, miré el cielo tumbado en la hierba mientras leía el libro, mientras me leían el libro. El milagro de la lectura a cuatro manos. A ratos, ella lo dejaba y disfrutábamos de los diálogos que se generan fuera de las páginas a cuento de los que ocurren dentro. Otro milagro de esta forma de leer.
Como cualquier placer, no descubres lo que te gusta leer hasta que lo compartes, hasta que le lees a otro o dejas que te lea. Ahí descubres además que esa forma de lectura tiene enormes ventajas sobre todo si se practica con la persona cuya presencia te es indispensable. Descubres que puedes tocar al mismo tiempo el papel y la piel de otro, pasar páginas y tu mano por la suya, escuchar y que te escuchen y algunas proezas que desafían la lógica como leer sin abrir los ojos, sostener un libro sin tocarlo, pasar las páginas con la mente o terminarte un libro sin haberlo empezado tú. Como veis es mucho más sorprendente y animado leer un libro a cuatro manos que hacerlo sólo con las dos tuyas. Y une con tanta fuerza como las páginas están unidas entre sí al lomo del libro. Cuando alguien comparte generosamente contigo un rincón tan privado y hace el esfuerzo de leerte y de escucharte a partes iguales, ambos lectores y oyentes quedáis en deuda consentida y deseada el uno con el otro. Por eso no entiendo por qué no lo hacemos más.
Creo que la lectura a cuatro manos debería ser algo mucho más habitual. El mundo sería mucho más legible de esa forma.
Hoy recibimos a un escritor que es lector empedernido obsesionado y ha escrito mucho sobre ella y ha dicho: “podría dejar de ser escritor pero no creo que pudiera vivir sin leer”… Es el argentino Alberto Manguel que cuando sólo tenía 16 años le leyó a un ancianito ciego sin saber, al principio, que era uno de los más grandes escritores de la literatura en español: Jorge Luis Borges.
Después Manguel se convirtió también en escritor y curiosamente uno de sus libros más leídos es “Una historia de la lectura”, sin duda un resultado de aquellos años de lector para otro. Hace 10 días se cumplieron 25 años de la muerte de Borges y le recordamos con Manguel que además tiene un libro nuevo: “Conversaciones con un amigo”, charlas editadas en las que habla entre otras muchas cosas de Borges y de esas conversaciones que tenían lugar en sus lecturas a cuatro manos.
Links interesantes y relacionados con el post.
Milorad Pavic
http://es.wikipedia.org/wiki/Milorad_Pavi%C4%87
http://blog.rtve.es/carnecruda/2011/06/la-lectura-a-cuatro-manos.html