viernes, 5 de marzo de 2010

Hablar y escuchar



Suele suceder que la mayoría de la personas pueden hablar sin escuchar, no se paran a detectar este problema. Muy poca gente es capaz de escuchar sin hablar, suele interrumpir sin que hubieras terminado de hablar, cuando esto sucede puedes dar por seguro que la otra persona no se esta enterando. Mas raro aun es encontrar a personas que puedan hablar y escuchar.

Fijaros y estar atentos y pensar...

¿cuantas personas conocéis con esta dualidad?

Max

7 comentarios:

  1. los defectos que se ven reflejados en los demas suelen ser los de uno propio, no crees?

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  2. No necesariamente, hay un proceso de evolución, depende de la cantidad de ruido interno que tenga la persona en cuestión. Es mas si te fijas y lo puedes constatar es porque puedes escuchar y después hablar o viceversa.

    Obsérvate a ti mismo y tendrás muchas respuestas.

    Aunque todo es relativo como siempre...

    También casi todo el mundo lo padece, lo ha padecido o lo puedo padecer.

    Poder escuchar atentamente a la otra persona sin interrumpirla da una imagen muy certera del nivel que tiene la persona que escucha, esto suele generar placer.

    Se establece pues un placer “El de escuchar y ser escuchado” seguidamente del de conversar, por supuesto estando al tanto de las normas mas básicas.

    Siempre habrá personas que adolezcan de tal defecto y los identifique en los demás y no en si mismo.

    Pero ahí debes estar tú para limar eso que sobra.

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  3. Hay algo que colabora a todo lo anterior no escucharse a si mismo...

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  4. Me ha gustado y me parece muy interesante esta entrada.
    Desde mi punto de vista, creo, que el mensaje casi principal se basa en saber distinguir entre oír y escuchar. Y creo que esta diferencia queda bastante clara.
    Se pueden interpretar varios matices y/o mensajes para las palabras que has expuesto.

    Creo ver algunos, espero que me corrijas/corrijáis si me equivoco y completéis algunos más que no haya podido entreleer.
    Intentaré poner algunos ejemplos reales y sin que esto ofenda a nadie. Porque como siempre apunto en cada uno de mis comentarios son ejemplos desde situaciones y apreciaciones puntuales, no tienen por qué generalizarse.

    Se dan ocasiones en las que tienes que mantener una conversación con personas que por su situación, trabajo o circunstancia se limitan a oír lo que les dices y a responder automáticamente. Ni se paran a escucharte por la sencilla razón que tú les importas “un riñón y medio” . Estás en una estación de paso de su recorrido y cuanto antes te quiten de encima mejor. Ejemplo: “Cuando llamas por un problema con tu conexión a Internet o fra. de teléfono fijo o móvil y te atiende un operador/a “. Otro ejemplo puede ser cuando te diriges a alguna entidad pública o privada a pedir información sobre unos formularios, “estás más perdido que un pulpo en un garaje”, y necesitas que te informen.

    Otras coincides con personas que se miran tanto el ombligo que son incapaces de escucharte porque para eso están ellas: Para ser escuchadas. Lo que digas, opines, comentes o expreses está de sobra. Están tan plenas de soberbia que el escucharte puede ser una fisura en su pedestal, en parte creado y permitido por los que la rodean que la han colocado ahí. Tienen pánico a perderlo y sus armas no son otras que: oírte, interrumpirte, ironizar e incluso satirizar tus palabras y seguir vendiendo su demagogia para no perder el pedestal. Ejemplo: La actual Mercedes Milá. (Lo siento mucho Mercedes, te admiraba sobre manera pero creo que le debes puntos al carné de conducir).

    A veces te cruzas con personas que no es que no saben escuchar, es que nunca han sabido dialogar. Son simples emisoras de sus comentarios y se enzarzan en supuestas conversaciones que, según van avanzando los minutos, tienden a convertirse en ladridos unilaterales donde sólo hay emisores. Lo que en lenguaje coloquial llamamos “gallinero”. Ejemplo : Los famosos debates sin sentido de los realities.

    Y luego están las que si que escuchan , pero tienen tanto que expresar que por su inquietud adelantan la respuesta sin tener en cuenta que , quizás, la persona que está en ese momento emitiendo su mensaje no comparte su forma de “dialogar” .
    En esas me incluyo yo . Sí, si. Es mi defecto . Lo hago sin darme cuenta y sin segundas intenciones . A veces voy mucho más rápido que la persona que me está dando su opinión. Antes que pueda llegar a acabar la frase , ya he podido adivinar o quedarme con la idea de lo que quiere decirme y me lanzo al vacío sin pararme a pensar que quizás con quién estoy intentando mantener una conversación no comparte esa forma de diálogo . Simplemente voy más rápido. La impresión es fatídica. Gracias a que a mi alrededor hay personas que me aprecian y me lo dicen, la estoy corrigiendo con éxito poco a poco.

    Cuando se hace un comentario a cerca de una situación o estado no siempre tiene por qué ser de lo que se adolece.

    Como última pincelada, corroborar, los comentarios anteriores.
    El escucharse o no escucharse a sí mismo creo que es fundamental y difícil.

    No hay nada más complejo que jugar una partida de ajedrez contra uno mismo. Sabes cómo juegas y cómo puedes jugar. Conoces mejor que nadie tus fallos. Aceptarlos, corregirlos con imparcialidad es, a fin de cuentas, escucharse a sí mismo en esa partida. Una veces con las blancas y otras con las negras.

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  5. I feel very good this dilemma that you did there

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