lunes, 25 de enero de 2010

También....

También... 

Es curioso como a veces nos invade, nos asalta, nos concentra, nos habita una imagen de un nombre, una palabra, de un gesto, de una situación.

Conquista en nosotros una palabra y una mirada; en definitiva un rostro. No podemos evitar acordamos de alguien. Puede ser para bien, con alegría, al menos en principio, siempre que nuestra memoria sea de las selectivas y de lo particularmente bueno. Pero siempre ese recuerdo será la ratificación de la distancia, de una separación. No está y, sin embargo, su ausencia se hace presente. No es una simple nostalgia, es una constatación. Si hay un recuerdo es porque de algún modo algo o alguien ya no están. Que tal vez vuelva puede ser estimulante, incluso podría ser un consuelo, pero recordar también es reconocer que algo ha finalizado, se ha ido, se ha perdido o se ha ganado.


Que alguien se encuentre en otro lugar, por un lado es un alivio y mas saber que no existe la posibilidad de encontrartel@, ni siquiera aun teniendo esa tentación es algo que sabes que no va ha suceder, tiempo y mas tiempo es lo que se necesita, por otro lado no deja de ser una inquietud. Me acuerdo y me sigo acordado un día un poco otros días mas y le echamos de menos y, a la vez sigue estando en nosotros. Tanto nos pertenece como le pertenecemos. Y si también sin embargo, no nos tenemos. En absoluto. Lo percibimos. Lo sentimos. No es lo que mas nos gustaría, pero es así. Y es verdad echar de menos no es sólo sentir una falta, es constatar que hagamos lo que hagamos cabe la distracción, pero no el olvido aunque este ayude.


Esta situación que depende de cómo se pueda enjuagar, puede ser algo de ni contigo ni sin ti, como decía Joaquín Sabina en una famosa canción, alguien nos tiene sin poseernos, le tenemos sin poder sino acariciar su ausencia. Lo notamos con fuerza, pero no esta.


Ahora bien, en la palabra acuerdo esta la palabra corazón. El recuerdo tiene siempre también una connotación afectiva. Y nos gusta. No es una simple repetición, es una reiteración, un modo de reactivar algo, de revivirlo. Se trata de que llegue a ser una rememoración. Quizá hayamos de tomar ese recuerdo en memoria, lo que supondría no una simple añoranza del pasado, sino muchas posibilidades latentes y vivas, y algún porvenir que no se sabe como. Acordarse de alguien es asociarse con el, con ella, de modo singular y siempre particular, es una conmemoración.


En la noche, un recuerdo irrumpe en silencio. Estando de camino a ese sueño es el susurro de las palabras que alguien no nos dice. Amanecemos en brazos que no están y viendo a quien no esta. Y, sin embargo, no todo es un espejismo. Algo nos enlaza, nos vincula, algo que no es precisamente menos real que una ausencia. Podríamos intentar denominarlo, pero con palabras tan sencillas que resultarían excesivas. Recuerdo cuando no necesitábamos recordar y cuando caía en un sentir de cualquier tipo tan solo sabia que podía llamar o que me podían llamar y era algo siempre gratificante.


Me acuerdo de ti. Compartimos una memoria en común y desearía hacer contigo algo que por cordial fuera para ambos memorable. Me acuerdo tanto de ti que, como suele decirse, me desvivo por verte, por oírte, por presentir que quizás a ti te ocurra algo similar. Debes saber que no te aconsejo tanta ansiedad, sabes que yo para esto tenia un remedio particular, que no dudaría en aplicarlo, ni tampoco te deseo tanta turbación. Preferiría que se te pasara. Es decir, que nos viéramos. Lo digo por mí…

... & Max